domingo, 23 de junio de 2024

Dolomitas, Sella Ronda arrampicata, Villach, Austria, Kazianiberg, Klagenfurt

  23 de junio de 2024


Villach, Rosenbach. Casa rural, E.Ferrocarril Austria – Eslovenia.



Plegamos y amontonamos todo en el maletero y salimos en tenso silencio, exaltado de tanto en tanto por comentarios fuera de tono, de unos y otros afectados.

Al final no ha llovido, ni nos ha fustigado el viento, menos mal, ya hay demasiada tensión y no quiero pensar como estaríamos en una situación realmente adversa. Sin poder evitarlo, me vienen a la cabeza historias leídas de diversos autores, como la de “Viven”, de “la llamada de la selva”, “los pasos perdidos”, “mirando al vacío”, y otras similares, con más o menos cruento contenido, mientras miro el paisaje por la luna delantera, de nuevo en el centro del asiento trasero, aún tenemos unas 4 horas de coche, y ya estoy deseando llegar para bajarme del coche, porque lo llevo muy mal, y ya me duele mucho la espalda y la parte posterior de la pierna derecha, aparte de que no soporto estas chiquilladas en personas adultas, y más cuando nadie tiene razón más allá de sus miras.

Por el camino paramos a comer en Villach. Yo propongo algo poco complicado, una pizzería, un kebak, …, pero no hay ganas de dar mucha vuelta y Joaquín nos lleva a un restaurante austríaco. El local esta muy bien, pero me huelo la situación. Efectivamente, mientras voy al aseo, Joaquín ha estado de intérprete una vez más, para aclarar los contenidos de las cartas de menú a José Manuel y a Cosme. Elías y Joaquín, no se quedan, se van a ir a otro sitio a tomarse un helado. Cuando llego, está la camarera esperando, Joaquín conteniendo su mal humor, me repite atropelladamente la traducción de la carta, no me entero de nada, viendo la situación, al final pido “a voleo”, y ahí se queda la cena en el plato, lástima 30 €. Me quedo con toda mi hambre y mucha desilusión. Pero, que me quiten lo bailao, mañana me voy de aquí.

Al rato aparecen Elías y Joaquín, pago la cena de nuestro grupo, por que aún debo mucho en el fondo común, y nos vamos a la casa rural, en la tranquila estación de tren de Rosenbach, un escenario con mucha historia detrás, que se respira en el ambiente del lugar y se escucha en el devenir de los trenes que van pasando, mucha humanidad en el buen sentido, y en el trágico también.

Para variar, se me asigna la habitación marginal, en este caso en el ático, no me importa, me resulta muy cómoda y hoy espero roncar más que el tren.

El dueño de la casa, vive en la planta de abajo, es muy agradable y habla bastante el español, entablamos conversación y nos explica que ha vivido hace tiempo en España, trabajando en mantenimiento de instalaciones ferroviarias, por la zona de Huelva y que estuvo también cuando el trágico accidente de Galicia.



Villach, Kanzianiberg.


He dormido bien esta noche, a las 07:00, se me han gastado los ronquidos y me levanto para salir a la calle a fumar y escuchar a los mirlos y demás pajarillos madrugadores, y ver pasar algún calmoso tren arribando a la estación. Cuando subo me encuentro con Elías, y después con Joaquín, que empiezan a bajar cosas al coche para rehacer el maletero y empacarlo todo para salir.

Mientras nosotros estábamos empacando equipaje y viendo donde podemos acabar estas dulces vacaciones, José Manuel y Cosme, se han puesto a desayunar, yo no sabía que quedaba algo, el caso es que nos toca esperarSubo a recoger el orgánico, las latas, vidrio y otros que separé para tirar a sus diversos contenedores y no dejar restos del día anterior, y los veo repantingados desayunando.

Esta mañana, había recogido todo lo de la mesa de la noche anterior, la había fregado y lavado lo que había sucio, pero está todo peor que estaba. Al ver que aún hay comida y con el hambre que arrastro, para disipar el nubarrón con calma, tomo un café, una rebanada de pan con miel y un trozo de queso, mientras recogen su equipaje, vuelvo a recoger todo, y dejar todo limpio y en orden de nuevo.


Dando la nota...
Salimos hacia el sector de deportiva de Kanzianiberg. Como Elías y Joaquín no han desayunado, paramos en un restaurante, donde viendo las viandas, se nos abre el apetito a todos y re-desayunamos muy bien. Durante el mismo, hago comentarios sobre el día de ayer, como buen egoísta, busco el concilio, para salir de aquí con una sonrisa, como cuando vine, porque en el fondo, pese a todas estas movidas, estoy super contento de haber estado aquí, y me cuesta estar todo el día serio y con gesto grave, como si estuviera en una misa y no pudiera contar chistes, que estúpida solemnidad, acorde al mal ambiente, estas chorradas no quiero que me agüen el final del viaje. Toco las cuerdas menos desafinadas, a unos y a otros, con la vibración, la marcha sigue sola, mientras escucho, ya no suena nada muy altisonante ni malsonante, la conversación sigue una cadencia de andante, andantino, y va aumentando el tempo, a un allegro amistoso, y sigo desayunando, mientras disfruto el compás y las viandas.

Al final los mañacos hacen las paces, o por lo menos, lo aparentan, no hay besitos, ni lágrimas, ni abrazos, pero se guardan los puñales, y todos nos quedamos mucho más tranquilos.

Salimos para el sector, la idea es de por lo menos verlo, ja,ja, preparamos el material, aquí se escala, aunque llueva.


Cargados de material, tomamos un apacible y bonito sendero, con caballos, paisajes de cuadro, bosques y prados incluidos, damos un excéntrico paseo por delante de muchos sosegados paseantes que nos miran bastante extrañados al vernos cargados de tanta quincalla, y Elías con el casco puesto. Nos tomarían por bomberos o que se yo. El caso es que no es por aquí, y deshacemos todo el camino hasta el coche.

Volvemos a intentarlo, y esta vez, sí, desde lejos ya vemos la pared.



Escalada deportiva. Kanzianiberg



Llegamos al aparcamiento, y hay que pagar una tarifa. El lugar está muy bien, habilitado como zona de recreo, con vía ferrata, muchos senderos, merendero y un buen sector de escalada con vías muy buenas para todos los gustos y niveles, de hasta 70 m. de altura en 2 o 3 largos, aunque predomina la deportiva con descuelgue.

Subimos todos hasta el sector central, al poco tiempo, Cosme y Joaquín, que no les apetece escalar, se van a dar una vuelta para ver el lago, se me ocurren varios comentarios jocosos y malintencionados, pero me callo, después de los malos rollos de los últimos días, mejor no gastar bromas, y me centro en los alejes entre chapas, y en el miedo que aún me queda por pasar y en lo cansado que estoy ya.

Hablamos con una chica local muy amable, que además habla muy bien el español, y nos recomienda alguna vía entre 4+ y 6a, no estamos para más.

Empiezo yo, por una de 4+ con una entrada desplomada (para variar) y después una compacta placa tumbada con enorme y buenos cantos donde me permito hacer postureo.

Después la repite Elías, y a continuación José Manuel.

Luego me meto en otra vía en el extremo derecho, con una entrada potente muy desplomada, que resuelvo con 2 dinámicos, después placa del mismo estilo que la anterior, después una repisa y otro desplome bastante más duro que el anterior, este ya no se me da tan bien, me equivoco de mano en un agujero y me quedo entrampado hasta que me cuelgo y cambio de manos. Muy buena también. Lías la repite, y José Manuel ya no quiere escalar más.


Hace mucho calor y hay mucha humedad, estamos sudando y no interesa, aún tenemos que montar en el avión y vamos a oler. Cosme nos llama y nos dice que están en el aparcamiento, recogemos y nos bajamos. Nos cambiamos de ropa y arreglamos definitivamente el equipaje y el material, y lo dejamos listo para el aeropuerto.



Klagenfurt

Dejamos el equipaje en un hotel donde conocen a Joaquín, a cambio de una pequeña propina, y nos vamos a dejar el coche de alquiler en el depósito del aeropuerto. Después, vamos caminando hasta una parada de bus y tomamos uno al centro de la ciudad, para dar una vuelta por Klagenfurt, comer y tomar un helado.





Mientras estamos en la última de las tareas, oímos un escándalo de tambores y pitos, y gente arengando, en donde puedo entender únicamente la palabra “Palestina”, van apareciendo policías y detrás un numeroso grupo con banderas de Austria y de Palestina, pasan por delante nuestro sin más contratiempo, siguiendo su marcha pacífica y recitando una y otra vez el mismo estribillo.

Volvemos en bus al aeropuerto, Cuando subimos al bus, Joaquín tiene éxito de nuevo con una agradable y madura mujer y le indica un asiento a su lado, tras apartarse un poco y dejarlo libre. Una parada antes del aeropuerto bajamos y vamos a recoger todo el equipaje.

Por el camino, nos cruzamos de lejos con el mismo bus, que sigue hasta el aeropuerto, vemos a la gente que nos había visto antes de vacío y ahora cargados como mulas, algunos hacen gestos, y caras expresivas, no se dé qué.

Llegamos al aeropuerto, pero está todo cerrado, nos quedamos fuera, algunos pasajeros del bus, están también ahí, alguno de un grupito melindroso, entabla conversación con nosotros, no sé si para mal o para peor. Pero como no nos gusta como pinta el tema, José Manuel y yo nos vamos a un banco a la sombre a escandalizar a los transeúntes, escuchando en el altavoz del móvil a Motorhead y otros temas de heavy.

Regreso a Alicante.

Por fin entramos y facturamos, al pasar control, a Joaquín le detectan una navaja multiusos de esas de toda la vida, se lo llevan a facturar a parte y Elías lo acompaña, cuando regresan, a Elías lo paran y le hacen revisión extra, le hacen quitarse las zapatillas, dios…, no saben lo que hacen, pronto reaccionan, y le dicen que se las ponga, y le indican la puerta, mientras, nosotros estamos bromeando casi llorando de risa.

Entramos al hall de espera, no es muy grande y con 2 aviones se satura y resulta claustrofóbico, pero pronto abren un embarque y poco a poco se va despejando.


Paso por la puerta de embarque, tengo asiento de ventanilla en el avión, por eso de ver el paisaje, aunque casi es de noche ya, pero voy con la ilusión de encontrarme con 2 chicas guapas de compañeras en los asientos. Que decepción, cuando llego, tengo a dos del grupo melindroso. Me siento en silencio en el sillón, me pongo el cinturón y cierro los ojos con intención de abrirlos en Alicante, lástima que no pueda taparme los oídos. Pero antes de salir volando, no se si por sobrecarga, o por mala configuración del asiento o de mi cuerpo, empiezo a padecer una enervante molestia que acaba en insoportable dolor a lo largo del nervio ciático de la pierna derecha, especialmente en la corva, intento mitigarlo sin dejar de moverme y contorsionando la pierna, y así paso un sufrido viaje de 2 horas. Acelero el viaje con la mente, por lo menos hago el esfuerzo, hasta que empieza a dolerme también el cuello, pero pronto llegamos a Alicante, antes de que pite la campanita de parada, ya estoy levantado como un resorte, de rodillas sobre el asiento, respirando de alivio y medio mareado.

Salimos, recogemos equipaje, Joaquín se despide porque lo están esperando. Vamos a por el coche de Elías, llevados por la compañía de alquiler de aparcamiento y después a por el coche de Cosme que está en un aparcamiento privado, nos despedimos de Elías. Llegamos a casa de José Manuel a las 00:30, Cosme se despide y yo me despido de José, y salgo despedido a Novelda, con mi furgoneta. Nada que ver con la ida, tampoco somos exactamente los mismos. Llego a casa casi a las 02:00, por fin, el fin.

Puig Campana, miscelánea vías, Ros-Gregori, Montesinos, Les Entorns

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